jueves, 13 de junio de 2013

Los ojos de la vida.

En las pupilas del pupilo se ve al cocodrilo del Nilo, pero esta vez las lágrimas no mienten en el bestial enfurecido.

Parece que se oye, pero no llega la calma. Es que el viento con un azote se la lleva a ritmo de samba, burlona entre sus labios, pero doliente en mi pozo humano.

Es esa mirada que parece caerse, pero que al final llega flotando hasta mí, y se desvanece en mi ser.

Como esa mirada de enredadera, que quiere recorrerte, abrazarte y no soltarte nunca con todas sus raíces y ramas secas pero fuertes.

Creí haber encontrado refugio entre tus brazos, pero fue ilusión del sueño de una noche.

Me pesa la vida, y no por años, de estar buscando cobijo entre besos y brazos.

Hoy mi guitarra que nunca toqué toca sola, compareciente de mí y de mi ser. Existencia existencial, tal vez vivir sea casual.

En un cartel veo anunciado el futuro de mi próximo pasado, no sé que hacer, no sé dónde dirigirme, al fin y al cabo solo me queda extinguirme.

Como flor en invierno, como invierno en primavera, tan juntos y tan separados, y a la vez sin darnos cuenta.

Pero las nubes de roca me chivan al alma lanzándome truenos y haciéndome de ellos dueños. ¡Basta ya malhechores inmorales que sólo buscan lo ruin!

Y mientras, Caronte se siente carente de tiempo. Los muertos sientan, pero no hay asientos.

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