martes, 11 de junio de 2013

Cazador borracho de amor.

Sólo logro verte entre tinieblas de nieblas de mi mente al cerrar los ojos.

Cuando intento acariciarte te atravieso con mi mano, y un puñal me atraviesa el corazón.

Me elevo al oír tu voz. Creyendo que era pájaro pero me sustentabas con tus alas.

La espera desespera ingenua al ingeniero que repara tu alma.

Y en eslabones carcomidos va buscándote en cadena.

Pasiones ilusas y malheridas que a fuego desenfrena.
Me resulta exfoliante patinar con mis dedos en tu vientre y al ver el engranaje de esta fantástica máquina que expulsa vapor en forma de gemidos.

¿Pero exfoliante el qué? El imaginar hacerlo, el hacerlo o tal vez tu vientre y el poder verlo.

Eres ron en mí. Subes a mi cabeza, de forma dulce pero seca.

Si te toco eres tan pegajosa que no puedo separarme de tí.

Y calientas mis noches frías y solitarias hasta el punto de emborracharme de locura al beber de ti.

¡Quiero perderme en el remolino de mar del fondo de una piscina!

Cálculos celulares calcan curvas coloridas claras extinguidas.

Donde retoños de ti en forma de pedazos fotográficos vagan por mi mente.

Sístoles y diástoles te buscan en llamaradas llamadas.

¿Cómo puede el cazador cazar si la leona le ha comido?

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