Las perlas reflejan los reflejos espejos de la mañana.
Espejos y cristales empapados de sudor, donde escurren gotas en lentes empañadas.
La espuma de la bruma reflejan tu cara, mientras la brisa te nombra en una llamada.
Mis supiros encadenados sueñan con soñarte, pero las cadenas que los atan están hechas de tus labios.
Casi puedo alcanzar en las nubes tus mejillas.
Y en la hoguera echo los pedazos del eco retratado que sonó un día dentro de mí.
Pero sigo esperando aún el eco de tu respuesta sorda.
Y mientras pintan claros sus tapices, heridas negras sobre mis cicatrices.
Mas más tu tú que mi mí del de él.
¡Y que los sueños en nubes estén!
En
espirales gira mi locura sin saber si elegir Norte o Sur hundiéndose en
la montaña que lleva al
cielo, al universo, al infinito y al finito
finalmente.
¡Que pare el tiempo, que lluevan puñales. Que no haya luz y así podremos amarnos!
Y
mientras las llamas nos consumen entre tostados besos, suave caricia
del viento reaviva la llama, y
la excita y la ondula, retorciéndose
libre.
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