Otro encuentro entre cuerdas, otro intenso amarre de agitación entre respiraciones.
Que en cada mirada sueltan llamaradas, y cada beso son cargas electricas.
Un juego de sumisión con vestidos de seda y cintas de cuero que les precede un banquete de mil sabores.
Y ella de rodillas, sometida mientras tenia las manos atadas hacia atrás miraba a sus ojos y lucifer poseía sus almas.
Calmando sus lágrimas, la mar fue levantada para clavar sus uñas arando el campo en cada embestida de las olas en la playa, camino al Monte de Venus.
Y Afrodita desde la cima, gemia agitada buscando consuelo y los estribos que la llevasen por el buen camino conducida por este sátiro.
Esos mordiscos, esos azotes...La ninfa cabalgaba poseída en Pegaso, mientras ambos se consumían en el fuego fatuo.
Pero no todo lo bueno es eterno. Aquella ninfa de sangre de costas quiso ser la sirena de aquel marinero desconocido encontrado tras una tormenta.
Quiso ser su ama, quiso su corazón y su cama. La pasión les volvía locos sabiendo que sobreviven pocos.
La ninfa terminó siendo una Driada, solitaria, con el corazón roto y encarcelada.
Pero pudo seguir hechizando a aquellos que se acercaban a sus ramas.
Aquel desconocido, sin suertes ni alegrías que el calor de aquella ninfa perdió su alma.
Fue un Arconte desterrado, y por querer amar condenado al infierno.
Licántropo sin pelaje en ese largo invierno.
Se escucha el eco desde la costa de la ninfa, un lamento de condena.
Provienente desde el más oscuro pozo del infierno.
Es Arconte gritando el nombre de Yuris por su eterna pena.
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