Plumas sin tinta escriben nostalgia sobre pergaminos del aire.
Un ángel del cielo vuela para cruzar el gran charco,
vuela con sus alas, sin cruzar en barco.
Entre nogales y robles cuelgan medallas de sus frutos,
pero una enredadera les rodea luchando por ver el Sol.
Podréis cortar otra, pero nunca cortaréis a esta Malayerba.
¡Malayerba nunca muere!
Y cuando el ángel haya nadado lejos y saque sus garras silvestres
entre lo desconocido, el colibrí batirá sus alas buscando esa
cicatríz que recibió el nogal y el roble, grande y noble.
Brisa que quebranta al león rugir su garganta.
Los párrafos homenajean, mientras el cielo aplaude,
el escorpión reside, pues un poeta se despide.
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